Saltar al contenido

El Centurión Romano y Jesús en la Cruz

En los evangelios de Mateo, Marcos, y Lucas, se rememora un acontecimiento importante que muchas veces pasa desapercibido en la hermosa historia de la salvación, la historia de El centurión romano y Jesús en la Cruz.

Te invitamos a descubrir una hermosa palabra de Dios para tu vida con estos bellos pasajes, pidiéndole al espíritu Santo que se te revele a tu vida y que estas palabras sean de bendición.

 

El Centurión Romano y Jesús en la Cruz según Mateo. 

 “Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu.

 En ese momento la cortina del santuario del templo se rasgó en dos,

 De arriba abajo.

 La tierra tembló y se partieron las rocas.  Se abrieron los sepulcros,

 Y muchos santos que habían muerto resucitaron.

Salieron de los sepulcros y, después de la resurrección de Jesús,

Entraron en la ciudad santa y se aparecieron a muchos.

 Cuando el centurión y los que con él estaban custodiando a Jesús vieron

El terremoto y todo lo que había sucedido, quedaron aterrados y exclamaron:

— ¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!”

San Mateo 27.50-54 NVI

 

Mateo, nos muestra hechos bastante dramáticos que convertirían a cualquiera, al momento de la muerte de Jesús se desencadenaron acontecimientos majestuosos percibidos por todos y que sin embargo no todos procedieron al arrepentimiento, o no todos de verdad contemplaron lo magnífico que ocurría, el momento en que Dios reconciliaba de una vez y para siempre a la humanidad consigo, el momento donde toda maldición del pecado quedaba cancelada, el momento que cambiaría para siempre la historia de la humanidad.

Según este pasaje, el centurión romano y los custodios de Jesús  quedaron aterrados, tuvieron miedo, pues se dieron cuenta de que Jesús era el mesías, ellos habían tenido la oportunidad de oírlo de verlo, vieron cada latigazo, vieron el calvario, la pesada Cruz, pero fue la muerte de Cristo la que los convirtió, y ante ella sintieron terror.

 

El Centurión Romano y Jesús en la Cruz según Marcos. 

 Y el centurión, que estaba frente a Jesús,

Al oír el grito y ver cómo murió, dijo:

 Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!

San Marcos 15.39 NVI

 

En el evangelio según San Marcos, se narran los hechos maravillosos de la cruz, pero en esta oportunidad, el evangelista es más específico al decir que, fue el grito, y ver como Jesús moría, y se entregaba por todos siendo inocente, lo que convirtió su corazón, y lo hizo confesar que Jesús era el hijo de Dios.

 

El Centurión Romano y Jesús en la Cruz según Lucas. 

 El centurión, al ver lo que había sucedido, alabó a Dios y dijo:

—Verdaderamente este hombre era justo.

San Lucas 23.47 NVI

En este pasaje, el evangelista nos muestra que le reconocer que Jesús es el  hijo de Dios es un símbolo de alabanza.

 Del mismo modo, Dios quiere convertir nuestro corazón y revelarse a nuestras vidas a través de la cruz, no para que nos aterremos con todos los acontecimientos que trae consigo la manifestación del grandísimo poder de Dios sino que quiere cautivar nuestro corazón con la historia de amor mas hermosa, la historia del creador que se vuele semejante a sus hijos, que nace sin pecados, vive entre ellos y muere por ellos para que así ellos puedan ser salvos.

 

Jesús está a la puerta de tu corazón llamando. ¿Qué harás? 

“Mira que estoy a la puerta y llamo.

Si alguno oye mi voz y abre la puerta,

 Entraré, y cenaré con él, y él conmigo”.

Apocalipsis 3.20

El día de hoy eres como el centurión romano, tal vez has oído de Jesús y de su sacrifico, tal vez has pasado tu vida conociendo a Dios a través de una religión, pero nunca habías tenido la oportunidad de mirar los momentos de su muerte, verlo gritar y entregar su espíritu por mor a ti, aunque no lo conocías, aunque no sabías que lo necesitabas, Él lo hizo.

Y su poder puede abrir los sepulcros y puede resucitar las partes de tu vida que creías sepultadas, Él puede restaurarte, salvarte, sanarte y darte vida juntamente con Él, Jesús  está en la puerta de tu corazón llamando, ven y reconócelo, y como El centurión romano ante Jesús en la cruz, reconócelo como hijo de Dios, reconoce su sacrificio, pide perdón por tus pecados, y pídele que entre a tu corazón, ordene tu vida y te de vida.